Panguipulli y las «Víctimas (Im)Perfectas»

Frente a la nueva discusión sobre el uso de la fuerza de Carabineros luego de la muerte de Francisco Martinez, las redes sociales cayeron nuevamente en su espacio polarizador sobre la vida del artista callejero. Desde inventos de prontuarios hasta homenajes que rayan en la canonización, nos hace preguntarnos porque cuando ocurren estos hechos existe una balanza ciudadana de si alguien merecía morir o no



Lo hemos dicho varias veces: Twitter es una alcantarilla. Pero fue en esta red en donde comenzó a vitalizarse las imágenes que marcaron a Panguipulli y a todo el país durante las últimas 72 horas.

Este lunes se formalizó al Carabinero que disparó hacia el artista callejero por Homicidio simple, alegando que en el control de detención se realizaron seis disparos, uno de ellos cuando la víctima estaba en el suelo.



Relatos convenientes

Junto con los datos legales y la nueva discusión que se genera acerca de la efectividad de los controles de identidad, como también acerca de la formación y el funcionamiento de Carabineros como un todo, hay otra situación que también llama la atención y que tiene que ver con la trinchera política e ideológica que se ha generado no solo con el actuar policial, sino con las víctimas.

Dentro de la compleja historia desde nuestro país, una de las jaula mentales que más ha costado abrir es la que deja la dictadura y su discurso de que hay víctimas que merecen su condición, que su desaparición, tortura o muerte es producto de su comportamiento, como si los agentes estatales fueran ejecutores de una voluntad superior.

Ese tipo de pensamiento mágico todavía se ve en redes sociales y se disemina con rapidez en redes sociales y grupos de mensajería. A pocos minutos de ocurrido el hecho en Panguipulli, un ex fiscal compartió un supuesto prontuario de Francisco Martinez, que luego se confirmó que era falso y que había sido creado con distintos causas de otras personas

Junto a este hecho comienzan a conocerse también funas de personas que compartieron con el malabarista durante su paso por el sur de Chile.

E incluso en la rapidez por informar, se compartió erróneamente la foto de un malabarista argentino, diciendo que era Francisco Martinez

De las víctimas idealizadas a los seres tridimensionales

No hay una receta única para entender y procesar la impotencia y la brutalidad de lo ocurrido en Panguipulli.

Este hecho se va a tomar la discusión pública por lo menos por gran parte de los próximos días en donde paneles de expertos, parlamentarios y otros grupos de intereses opinan desde sus feudos sobre lo que se debe hacer con la policía, pero sin cambiar nada.

Pero también hay que dimensionar acerca de cómo esas conversaciones terminan alimentando visiones extremas. Especialmente porque lo realizado por el ex fiscal no es algo nuevo, ya que en un porcentaje no menor de casos con víctimas civiles aparecen descorazonados posts diciendo que «no son blancas palomas», como si el prontuario policial fuese una excusa para violentar a civiles.

Y por otro lado está la romantización de las víctimas civiles, como mártires de causas con sentidos homenajes que rozan en lo místico, cuando lo que pasa es que son personas normales y tridimensionales que vieron sus vidas cambiadas por una policía poco preparada.

Ninguno de nosotros, ni el mejor ni el peor, resiste esta especie de juzgado express de los relatos públicos de redes sociales, en donde se decide con una rapidez robótica si somos mártires o merecedores de un castigo. Eso habla de un problema a solucionar como sociedad en donde nos olvidamos que somos personas y vivimos con seres humanos con errores y aciertos y que quienes ven sus vidas destruidas no son goles a favor o en contra en un partido moral entre posiciones políticas.

Con Armas y sin herramientas

Hay muchos paralelos que se han levantado entre la policía chilena y la estadounidense y más allá de lo estético hay algunas cosas que si tiene en común, como es la deficiente formación de los efectivos policiales, su foco en generar un sobre control sobre población vulnerable en vez de preocuparse de crímenes reales y también su simpatía por grupos ultranacionalistas.

Pero donde sí existe una cercanía clara es que hay muchas procesos sociales que se le cargan a la policía y que se enfrentan de una manera multidimensional. Especialmente lo que tiene que ver con el consumo drogas, las personas en situación de calle y la salud mental.

Ese último punto ha sido clave en la discusión global, tanto con datos entregados por la familia del artista callejero sobre una eventual esquizofrenia y su forma de reaccionar al control, como también la preocupación del público sobre que pasa si Carabineros controla a alguien en un episodio o incluso si interactúa con alguien con TEA

Esa preocupación se repitió en redes sociales acerca de si en su encarnación actual, la policía armada tiene las herramientas reales para tratar o controlar a una persona neurodivergente o con problemas psiquiátricos

Son muchos los diagnósticos que se pueden hacer sobre el actuar de Carabineros tanto en base a nuestra experiencia personal con la institución, como también con los hechos que han marcado la opinión pública, pero es momento de salir de los extremos y mirar los hechos puntuales que llaman a generar cambios fundamentales no solo en la policía, sino que en el tejido social de nuestra sociedad.

Es un trabajo largo y que merece que quienes están en posiciones de poder tengan no solo una opinión para las campañas electorales que se vienen, sino un plan real para generar cambios fundamentales en la institución policial y como se relaciona con una sociedad completa.


Autor: Jorge Inzulza

Periodista, mente inquieta

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