Telegram y Signal crecen explosivamente en usuarios, pero en Chile abandonar WhatsApp no es tan simple

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Los nuevos términos de servicio del conocido chat han movilizado un número importante de personas hacia otras aplicaciones, pero salirse de este sistema de mensajería instantánea no es posible para todos.



Telegram superó los 500 millones de usuarios activos y el 13 de enero anunció que en 72 horas, más de 25 millones de personas hicieron cuentas en este servicio de chat.

Signal tiene cifras similares, tanto por los cambios en WhatsApp como también por el apoyo de figuras influyentes como el empresario Elon Musk, que luego de un tweet en donde recomendó usar el servicio a sus casi 42 millones de seguidores.

Este cambio también empezó a desnudar ciertas desventajas que tiene Whatsapp con Telegram y Signal, especialmente en seguridad y cuánta información personal se comparte con Facebook, principalmente para la venta de avisos.

Desde el sistema de chats encriptados, salas de conversación más amplias, la posibilidad de enviar archivos más grandes y que queden alojados en un server (en el caso de Telegram), hasta la posibilidad de conversar con usuarios sin la necesidad de intercambiar teléfonos.




¿Cuáles son los polémicos cambios?

Un servicio de la magnitud de WhatsApp no se sostiene de forma gratuita por la buena voluntad de su empresa. Hay un por un lado un porcentaje de dinero que reciben de los carriers para ofrecerlo como un servicio asociado a planes o prepagos, pero hay mucho más dinero en aprovechar nuestra huella digital y el acceso hacia nuestros equipos.

Desde «almacenar y administrar chats de Whatsapp para ofrecer integraciones en los productos de Facebook», lo que significa recopilar datos en conjunto con otras agrupaciones como Instagram y el mismo Chat de Facebook.

Actualmente Whatsapp tiene 2000 millones de usuarios en el mundo y con la nueva actualización que se haría efectiva en marzo, recopilarían Nombres, números de teléfono, imágenes y descripciones personales, además de todos los contactos de la agenda del teléfono.

A esto se suman datos como el modelo de celular, datos del navegador de Internet, IP y hasta la red de internet a la que estamos conectados.

Con esta masiva recopilación de datos, la venta de datos para avisos personalizados es solo la punta del iceberg, sino que se facilita la creación de perfiles cada vez más detallados, en donde el usar WhatsApp es gratis, pero lo pagamos con nuestros datos personales.

El cambio y la costumbre

El proceso de moverse de un servicio a otro no es tan fácil en Chile. Pese al importante número de usuarios que han llegado a distintas plataformas durante los últimos días, todavía hay un tema de costumbre y principalmente de costo, que hace que el switch sea mucho más una declaración de intenciones que algo más práctico ( por lo menos en el corto plazo)

Lo hemos dicho muchas veces: el mito del Chile hiperconectado se murió con la pandemia y en donde vimos que el gran porcentaje de los usuarios que acceden a Internet lo hacen desde móviles y a través de las «redes sociales gratis», las cuales incluyen dentro de las bolsas de minutos acceso a los servicios de Facebook, entre ellos WhatsApp, por lo que el tráfico de mensajes por Telegram o Signal significaría ocupar las bolsas de datos.

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El acceso a planes reales de telefonía es algo que en Chile no es tan sencillo, por un lado están quienes se conectan con un teléfono prepago o a través de «planes-que-no-son-planes». Esto generan una línea divisoria de quienes tienen la solvencia económica para gastar desde $30.000 o más por mes en una red ilimitada o bien con una cantidad generosa de tráfico incluida.

La otra cara es la costumbre. Cuando WhatsApp se lanzó el 2009 el mundo digital era muy distinto y más descentralizado.

En mensajería las opciones eran a través de SMS, con algunos clientes móviles de MSN Messenger y para los más pudientes estaba el chat de iPhone o el soberbio chat de Blackberry.

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Pero Whatssapp rompió esas barreras y permitió que usuarios de todo tipo de teléfono pudieran hablar sin costo a través de la app, independiente de si utilizaban iOS, Android u otros sistemas operativos que se ofrecían en ese momento.

Es tanto el acostumbramiento y adicción al WhatsApp en Chile es algo palpable. Hasta hoy cuando alguien comparte su teléfono, los dicta con «+569» para que sea agregado a la plataforma, o bien en distintas ocasiones sociales o laborales se crean grupos o subgrupos, en donde se comparten desde instrucciones laborales (que legalmente deberían ir en un mail), hasta pelambres, stickers y memes con su buena dosis de cringe.

Ya dice el conocido chiste que en Chile ante cualquier problema solo existen dos soluciones, hacer una tabla de excel y armar un grupo de WhatsApp.

Junto al «mándamelo por Whatsapp» se suman también otros temas que se han ido incubando durante más de una década, especialmente los ligados a la privacidad y también a la desinformación.

En Chile, por ejemplo Whatsapp es una de las principales vías de información, superando a los medios tradicionales, lo cual hace que el sistema sea tierra fértil para ofrecer «fake news» y otros textos cadenas de los cuales nadie se hace responsable «porque me llegó por WhatsApp».

El 2017 por ejemplo, 61% de los encuestados por Cadem, creen que «Whatsapp es el principal medio para informarse»

La mala costumbre de que cualquier hijo de vecino te agregue a un grupo o te envié mensajes, o bien en temas laborales se envíen instrucciones fuera de horarios de trabajo o bien los grupos se transforman en chacras virtuales, llenos de mensajes y consultas a deshoras.

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No solo sirve cambiarse, sino que hay que ocupar las nuevas plataformas

Con la llegada de gente a Telegram y Signal hay una preocupación clara acerca de la seguridad digital, pero hacer una cuenta y seguir ocupando WhatsApp no ayuda mucho.

Hoy, tanto Signal como Telegram tienen muchas ventajas comparativas en cuanto a seguridad, trabajo en equipo y versatilidad entre sus versiones para móviles y PC como para seguir en el chat de la empresa de Zuckerberg.

Pero en Chile actualmente hablar de otros clientes no prende mucho, es como alguien que está acostumbrado a Netflix y se entera que lo que quiere ver está en otro servicio. Es otra cosa más de la cual ocuparse.

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Finalmente, para el éxito de estas plataformas en el gran público hay un trabajo que hacer pero sin caer en la evangelización ni en el gatekeeping. Con todos los beneficios que tienen estos clientes, también requieren que sean utilizado junto a otras medidas de seguridad en la red.

Para muchos entusiastas, Telegram y Signal con casi como meterse a la Deep Web o bien es la opción de la gente «que sabe» en vez de resaltar sus beneficios frente a los inseguros clientes de la familia de Facebook.

Especialmente Telegram tiene sus yayitas. Desde la modalidad «gente cerca» en donde te puede encontrar gente de todo tipo solo por cercanía geográfica, como también la presencia de grupos públicos sin las medidas de privacidad activadas. Lo mismo para la regulación de grupos de corte político extremo, los cuales se pueden encontrar sin problemas, como también los de material para adultos.

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En este último caso el «para adultos» es un poco generoso, ya que la articulada red de «packs» y «porno de venganza» del Nido.org, funcionó en varios canales de Telegram.

Con este cambio de usuarios de chat, se pone nuevamente en la mesa el tema de la seguridad y privacidad en la red, pero la decisión de elegir clientes más seguros está en nuestras manos finalmente. No sirve solamente hacerse un nuevo usuario y luego olvidarse.


Autor: Jorge Inzulza

Periodista, mente inquieta

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