No todos pueden ser Protagonistas. No todos pueden ser Constituyentes

Se vienen tiempos interesantes en el país luego del Plebiscito Constitucional, son 155 cupos que deben llenarse con quienes escribirán la nueva Carta Magna.

El voto del domingo 25 también tiene una lectura clara: el rechazo generalizado a los políticos, pero parece que el mensaje no llegó tan claro. Hoy gente que viene perdiendo cuanta elección se le puso por delante, o los eternos que andan buscando «el puestito» se muestran para esta importante tarea. Lo mismo personajes de la farándula y de las redes sociales.

¿Nos tomamos esto en serio?

El histórico resultado del domingo 25 de Octubre entregó una visión clara acerca del momento país, no solo acerca de la decisión de contar con una nueva constitución que entrega reglas mucho más justas para lograr un país distinto y mejor, sino también acerca de quien debe participar del proceso.

La desconexión entre la clase política y la ciudadanía es básicamente lo que se vive con el resultado de la segunda papeleta, pero también con gran parte de las campañas en donde se hablaba de no «colocar políticos» o «los mismos de siempre».

Esto responde a algo superior a lo ocurrido desde el año pasado hasta la fecha y tiene como punto central el descontento frente a países paralelos, en donde existen desde financiamientos irregulares, hasta perdonazos fiscales, compadrazgos y tratos judiciales distintos, bloqueos a reformas que pueden cambiar la forma de vida de muchos ciudadanos y una falta de honestidad ante las cosas más sencillas.

¿Quién puede ser Constituyente?

Estos 155 cupos para Consituyente serán paritarios y también se discute acerca de tener escaños reservados para pueblos originarios. Están abiertos para un grupo importante de persona incluso sin experiencia política previa.

Pueden postular los mayores de 18 años que no tengan condena por pena aflictiva. Nacidos en Chile o hijos de padres chilenos en el extranjero, además de nacionalizados por gracia con residencia en el país por más de un año.

Esto incluye a autoridades en ejercicio que tienen que renunciar a su cargo si son del Poder Judicial, Ministerio Público o Fuerzas Armadas, pero también en Juntas de Vecinos u otras organizaciones.

Para los independientes y acá está un poco la letra chica, tiene que reunir firmas de un grupo de ciudadanos independiente en un número igual o superior al 0,4% de a votación del distrito en donde postulará.

En el caso de las autoridades actuales en ejercicio, Revolución Democrática presentó un proyecto para que estas no forman parte de des este proceso, para que no se genere una Convención Mixta de otra manera, cuando la ciudadanía no eligió esa opción.

Verlos y cambiar el canal

Vamos a ocupar una analogía para algunas de las figuras que han ido apareciendo en este proceso. En la Lucha Libre existe el termino «Heat» en donde cada personaje tiene que lograr que el público lo ame o lo odié por sus acciones o a veces por su mera presencia.

Existe Heat bueno para los héroes, Heat malo para los villanos, el que va desde la molestia hasta el odio visceral, pero también está el «Heat que hace que uno quiera cambiar el canal», ese que te produce algo a nivel físico y que te pares de donde estes para agarrar el remoto, apagar la radio o cerrar la ventana del navegador.

Gente tan nefasta y tan poco capacitada, que ha hecho de la labor política su LinkedIn personal y que ha robado a manos llenas, que no merece tener un segundo de nuestro atención.

Pero no solo extiende a figuras políticas, que han perdido cuanta elección se les pone al frente, pero caen parados, sino también figuras de la TV que consideran que estar en un matinal les hace conocer la realidad de la ciudadanía, pero luego se vuelven a su hogar en una comunidad cerrada conduciendo un vehículo que consume tanto combustible como para hacer funcionar una Olla Común por un día.

Están también los más bizarros, las figuras de Internet específicamente de Twitter, quienes se ofrecen para formar parte de este proceso que se considera más como declaración de intenciones que algo como un sustento detrás. Aquí si que hay de todo: desde tarotistas, hasta coachs motivacionales que te llaman a brillar, hasta «líderes sociales» que han cambiado tanto su historia para formar parte de grupos oprimidos, que ya no se sabe cuál es su verdadera identidad.

Verdaderos «Grifters» del mundo sociopolítico social y que ocupan una las plataformas de las redes sociales, asignándoles mucho más peso del que realmente tiene.

El Mea Culpa de los medios

En este proceso en donde todos quieren ser parte de uno de los procesos históricos más importantes, por el clout de escribir una Carta Magna y canjear eso en relevancia social y política, los medios de comunicación, tradicionales y nuevos, tienen mucho que decir.

En la creación de la pauta noticiosa, en la selección de entrevistados y panelistas, hay un poco de terraformar el paisaje de actores que buscan «el puestito». Es parte del trabajo de fuentes y de agenda, armar un grupo de personas que pueden ser interesantes para diversos temas, ya sea por la experticia o bien porque generan buen contenido.

Uno crea sus propios «Avengers», uno para temas políticos, otro para económicos, otro para temas sociales, pero cuando vemos que se empiezan a repetir los nombres en distintos medios y notamos que hay gente que su trabajo pasa a ser panelista o columnista, es una posición bastante ideal, ya que en entrega una visibilidad necesaria para sus aspiraciones a cambio de contenido.

En la amplia pelea por el rating y los clics no siempre se tiene visto a quién se le da el espacio, lo que llama a una reflexión más profunda sobre como se construye el contenido y las plataformas, abandonando el «tienen que estar los dos lados» a «tienen que estar los que aporten al debate».

Recuerdo en lo personal haber tenido peleas a gritos con productores y directores de medios por los famosos «programas políticos», que a la larga se transforma en darle espacio a los amigos de los dueños para su carrera personal, que generar un debate que se asemeje en el mejor de los casos a algo que aporte a la construcción de la sociedad (o por último que sean entretenidos al aire).

Finalmente, la Constituyente no es un concurso de popularidad, ni la gala de Rojo, no es con quien me juntaría a un after (con distancia social), sino un trabajo con tiempo definido y que carga muchas expectativas ciudadanas

Decir en esta columna, o en cualquiera, que se tiene una mezcla perfecta de quienes tienen que estar o como van a operar en los próximos 9 meses es de una soberbia que no tiene lugar hoy, pero si queda claro quienes no tienen que estar y quienes tienen que leer un poco al público y lo que votó el domingo.

Este proceso es demasiado importante para búsquedas de protagonismos.


Autor: Jorge Inzulza

Periodista, mente inquieta

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