Donald Trump se negó a condenar a la Supremacistas Blancos en el debate Presidencial (y como estos grupos inspiran a extremistas chilenos)

El primer debate Presidencial estadounidense dejó tensos momentos de cara a un nuevo proceso eleccionario, uno de ellos tuvo que ver con grupos de odio y su participación organizada en Estados Unidos. El actual mandatario evitó condenarlos, porque hay una relación bastante cercana con ellos tanto ideológicamente como en potencial de votos.

Estos movimientos no están tan desconectados e inspiran a uno de los sectores más extremos y no es raro ver banderas de la Confederación Estadounidense y Gorras «MAGA» en grupos violentistas nacionales, por lo que su influencia traspasa las fronteras.

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El debate presidencial entre el actual Presidente de Estados Unidos Donald Trump y el ex Vicepresidene Joe Biden se transmitió en Chile a través de las señales de CNN Chile e Internacional y permitió ver un diálogo trabado, lleno de acusaciones cruzadas sobre el futuro de ese país y de la región.

Chris Wallace, el periodista de Fox News que moderó el debate fue sobrepasado muchas veces ante un Trump que interrumpió constantemente y un Biden más mesurado, pero con menos energía y a veces confundido en sus planteamientos, salvo cuando mandó a callar al actual mandatario.

Uno de los puntos claves del debate es el alto nivel de violencia en las calles de Estados Unidos en donde la presencia de grupos de odio y milicias se ha vuelto algo más «normal». En ese sentido al ser consultado por grupos de odio de extrema derecha, el mandatario se negó a condenar a sus miembros y junto con preguntar «cómo quieres que me refiera a ellos» dijo la frase «Proud Boys, Stand down and Stand by» en relación al grupo creado por el comunicador Gavin McIness.

Los «Proud Boys» son solo unos de los grupos de odio activos en Estados Unidos y cuya ideología ha permeado a organizaciones similares en nuestro país, gracias a internet, en donde se adoptan símbolos de forma descontextualizada y que han estado presentes en grupos de choque tanto en marchas del Plebiscito, como en respuesta a movilizaciones sociales desde octubre del año pasado.

La organización nombrada por Trump tiene ideas claras basadas en el movimiento de la Alt Right (en papel) pero tiene mucho que ver con el neofascismo europeo, en donde colocan al hombre blanco como guardián de los valores de occidente ante una amenaza global que busca destruir valores como «la familia». Puntualmente esta organización a la que se refirió el mandatario estadounidense tiene a la violencia como eje central, en donde los miembros son iniciados a golpes en el movimiento y se les pide ocupar la violencia por «la causa».

En el debate, de ayer martes incluso se podría haber condenado la violencia de una forma bastante tibia, pero al no hacerlo el mandatario estadounidense reconoce implícitamente el riesgo de alinear a su base en medio de una de las elecciones más reñidas.

Las copias en Chile

En Chile no estamos tan alejados acerca de figuras como estas, las cuales no vamos a nombrar, porque no corresponde darles una plataforma ni normalizar un mensaje que no tiene nada que ver con nuestra realidad. En donde en plena América Latina, se mezclan mensajes de supremacía blanca Europea y Estadounidense, en una de las mixturas más raras y preocupantes del último tiempo.

Este tipo de manifestaciones no deben ser tomadas a la ligera, ya que perpetuan mensajes de odio en la población y si son desatendidas, estas solo van a seguir creciendo en el tiempo de cara a futuros procesos políticos en Chile. Algo que a un sector más en el extremo del tablero le conviene mucho.

Esto tiene mucho que ver con una de las crisis más silenciosas que se ha dado en nuestro país con muchos jóvenes, particularmente hombres, que participan de estos grupos, los cuales comienzan a integrar estas organizaciones como parte de una cadena que los deja a la deriva. Sin educación (mayormente)  y sin trabajo (con proyecciones) generan una frustración clave por como funciona el sistema chileno, que no ofrece las mismas oportunidades a todos, que tiene poca protección social y que te recibe con los brazos abiertos si estás trabajando y generando ingresos, pero que tiene muy poco para si no estas en ese engranaje.

La presencia de estos grupos, malas copias de la alt right, el board /pol/ de 4Chan y los grupos extremistas europeos, es la falla de un sistema para ofrecer oportunidades reales y con proyección a muchos jóvenes en medio de la encrucijada de la vida adulta. Son mucho más receptivos a pensar que la culpa de su falta de empleo y oportunidades son los migrantes, las mujeres, los homosexuales, el otro básicamente.

No hay un análisis más profundo en donde gran parte de las políticas migratorias por ejemplo tienen que ver no con un gran y obscuro orden mundial, sino con un sector del empresariado nacional que prefiera contratar a extranjeros por menos dinero y de forma irregular para aumentar sus márgenes de ganancia o bien por como una parte del sistema educativo chileno privilegió por 30 años un modelo de Liceos, Universidades e Institutos más preocupados de subvenciones y mensualidades, que de ofrecer oportunidades de crecimiento con proyección real en el mundo actual.

Quedan dos debates presidenciales más en Estados Unidos y el mundo va a estar atento al desarrollo de este proceso, porque mal que mal, lo que suceda en esta nación tiene un profundo impacto social y económico en la región, pero también quedará claro que el actual mandatario se negó a condenar a los grupos de odio en su discurso.

¿Podrían hacer lo mismo los candidatos presidenciales en Chile? Tanto los que tienen opciones reales como los que están levantando sus campañas en base a astroturfing y bots de Twitter.

¿Podrían abiertamente condenar a grupos que mezclan estas ideologías de odio foráneas con una buena dosis de clasismo chileno? Es algo que como sociedad nos toca y debería preocuparnos, no solo en condenarlas, sino en entender como se configuran y como se evita que gente que jóvenes que tienen frustraciones legítimas sobre sus oportunidades en el país, terminen metidos en estos movimientos.

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Autor: Jorge Inzulza

Periodista, mente inquieta

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