«Cuties/Mignones»: del Horror de Marketing de Netflix a una cinta que critica la sexualización de las niñas en la actualidad

La cinta traducida al español como «Guapis», llegó al ojo público con una horrible y sexualizada campaña de Netflix, pero en la obra de Maïmouna Doucouré hay una profunda reflexión sobre la temprana sexualización de las niñas, tanto en su entorno como a través de Redes Sociales

La película recibió el premio de «Mejor Director» en Sundance y la «Mención Especial del Jurado» en el Festival Internacional de Cine de Berlín, pero sus logros se vieron empañados por como Netflix anunció la película en su momento, lo que la tiene con un puntaje de 2.0 en IMDB y de 4% por parte del público y de 90% por parte de la crítica en Rotten Tomatoes.

Lo que hizo el sitio de streaming fue destacar que los personajes, los cuales tienen 11 años «descubrían su sexualidad a través del twerking, desafiando sus tradiciones familiares». Esa definición no solo es errónea, sino que terminó afectando a la película en ojo público.

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¿Dónde jugarán las niñas?

En breve, esta película sigue a Amy, una niña senegalesa en París, que se encuentra en medio de una familia tradicional musulmana y que comienza a ver otras realidades, cuando conoce a Angélica, su vecina y compañera de escuela, la cual pese a su corta edad le gusta bailar y se viste como una modelo de Instagram.

En la misma escuela tiene un grupo de amigas y baile, llamadas «Guapis», las cuales están en la misma línea, muy «agrandadas» y tratando de definirse a través del baile y su presencia en Internet.

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Amy se entera que su padre, se casará por segunda vez y su nueva esposa vendrá a vivir con ellos, lo que la afecta a ella y principalmente a su madre, que por la tradición debe aceptar este proceso e incluso ser parte activa de esta boda polígama.

En ese proceso, su primo arregla una pieza para la el nuevo matrimonio y Amy obtiene un teléfono móvil que le abre un nuevo mundo, lleno de videos de baile y de niñas tan pequeñas como ella, mostrándose en roles y vestimentas mucho más adultas.

Con esa nueva mirada, se empieza a alejar de este mundo más tradicional y sumarse al grupo de las guapis y adentrarse en el mundo del baile e incluso participar de un concurso como parte del climax del relato.

Un paso de la niñez a la adolescencia acelerado y complejo

El peso de la película se lo lleva Fathia Youssof como Amy y Medina el Aidi-Ouzoni como Angélica, la primera como la niña en medio de un proceso familiar y personal en choque y la segunda como alguien que sin saberlo, a aceptado este proceso acelerado de crecimiento en la actualidad.

Dejemos esto claro, el gran trabajo de la película es que ocupa el rol de actrices tan jóvenes para incomodar, en ningún momento se presenta como algo valorable. Existen de hecho momentos muy incómodos, porque mientras otros personajes masculinos, especialmente niños pequeños y adolescentes viven sus procesos, las niñas no se les da ese espacio para serlo,  su crecimiento es forzado y violento.

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Ese es el tema central del relato y en el cuál existen varias muestras a lo largo del metraje: Desde el grupo de amigas que se acercan a hablar con un grupo de adolescentes y se enojan con Amy por decir su edad real, o que la tía abuela de la protagonista le cuente como gran maravilla que se caso «no siendo mayor que ella» y «que ojalá que ella viva lo mismo».

En medio de ese proceso hay ciertos momentos más honestos y menos efectistas, como el vínculo entre Amy y Angélica y como comienzan a contar sus expectativas y sueños, lo que termina con una diferencia entre sus expectativas: una desea bailar y ser famosa, mientras que otra espera no ver a su padre, porque en su nuevo entendimiento del mundo, esa nueva familia no tiene ningún sentido.

Ni vestidos ni traje de baile.

En lo técnico, el trabajo de Maïmouna Docouré siempre tiene algo interesante que decir, su uso del color y los contrastes es impecable y los planos se sienten personales y permiten construir la angustia de esta niña de 11 años entre dos mundos.

Dónde uno podría elevar una crítica es que esa incomodad y exploración de sus personajes tiene un fin clave en la escena final (Spoilers supongo), pero descontextualizada se presta más para la polémica que para destacar su punto central:

¿A nadie más le genera problema que estas niñas estén quemando etapas tan rápido?

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(La directora y guionista Maïmouna Doucouré)

En la escena final hay dos cosas que ocurren en el mismo día: la final de la competencia de baile y la boda del padre de Amy. En ambas la protagonista no está en su mejor pie, en la primera su ausencia en los ensayos y mal comportamiento, casi cercano al divísimo, la alejó de su grupo de amigas, mientras que en su familia es vista como una rebelde que no sigue la tradición.

Amy llega a casa y se encuentra con un espectro: la nueva esposa de su padre, lo que la hace ir a la competición de baile, en donde pese a la resistencia inicial sube al escenario con las otras «guapis».

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Es en ese momento en donde en la película lleva su punto central: En medio de la coreografía, los pasos se transforman en twerking y el público del concurso se muestra cada vez más incómodo, el show por el que tanto trabajaron es recibido con distancia y preocupación. En ese momento, la protagonista corre a su hogar a ser parte de la boda de su padre, siendo fuertemente reprimida por su tía abuela por su atuendo y actitud, por lo que su madre la defiende y entiende la presión que vive.

En ese momento, en su cama están su traje de baile y uno tradicional, para el matrimonio pero Amy está vestida como una niña normal por primera vez y en vez de ir a la fiesta va a la calle a saltar la cuerda con otros niños, cada vez más alto, hasta que comienzan a rodar los créditos.

Ambos mundos le pedían renunciar a su niñez y ella decidió hacer su propio camino.

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Dedos para abajo sin verla.

La película ya está disponible en el sitio de streaming un poco más alejada de la polémica inicial, pero el daño a ojos del público ya está hecho. La campaña de marketing de Netflix dio un golpe irrecuperable al material, que incluso  terminó con amenazas a su directora, quien recién ahora está empezando su carrera en el cine, siendo este su primer largometraje.

¿Vale la pena verla? Si, definitivamente, pero entendiendo que hay algunos recursos que efectivamente generan una incomodidad clara, pero entendiendo el mensaje final del relato. La escena final con ambos vestidos (mundos) vacíos es de un guión preciso (escrito también por Doucuré) y que hace que todo el camino llegue a ese punto correctamente.

Queda por saber si esta película podrá sobrevivir la inexplicable campaña de Netflix y si el público le dará una oportunidad o se quedará con la errada idea de que promueve la sexualización de las menores, cuando su mensaje va en el camino contrario.

Calificación 7/10

Autor: Jorge Inzulza

Periodista, mente inquieta

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