A 9 años del accidente de Juan Fernández y la realidad paralela de los Matinales en Chile

Hace 9 años se perdió el contacto con el Casa 212 que llevaba al equipo de TVN y al grupo del Desafío Levantemos Chile. La muerte de una de las figuras que lanzó y fortaleció el formato, dejó a los programas en una constante búsqueda de identidad, incluso al transformarse en los segmentos más vistos de la programación local

Todos nos acordamos acerca de qué estábamos haciendo cuando se conoció sobre el vuelo a Juan Fernández el 2 de Septiembre del 2011. Personalmente después de un largo turno en un medio de comunicación, volví a la casa a ver un poco de televisión, mientras descansaba un rato.

A esa fecha el movimiento estudiantil estaba en uno de sus momentos más álgidos, no solo en las calles con diversas y masivas movilizaciones, sino que en avances políticos. El día que se pierde contacto con el Casa 212, los dirigentes universitarios (Hoy casi todos en el Parlamento) tenían una reunión en la Moneda, para avanzar en los puntos claves de negociación. La reunión se realizó pero todos los ojos estaban en Juan Fernández.

Todos estaban pendientes de Juan Fernández.

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En la Radio en donde se trabajaba se suspendió toda la programación social por 3 días, en donde solo se estaban reportando temas puntuales, pero desde la desaparición del avión, hasta la confirmación de la muerte de todos los tripulantes, el proceso dominó la pauta noticiosa y el interés de la comunidad completa.

Buenos días a todos.

Hablar acerca del impacto de Felipe Camiroaga en la televisión chilena es hablar acerca de la televisión en la vuelta a la democracia, en donde se pasó de una televisión fuertemente controlada por el estado a la llegada de los canales privados y la creación de nuevos formatos.

El animador que lo hizo todo, desde programas juveniles a teleseries, de estelares a matinales, fue en este último formato en donde logró su mayor éxito y definió esta franja televisiva hasta el día de hoy.

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(Buenos días/TVN)

La naturalidad y cercanía de Felipe Camiroaga con sus compañeros de panel, se extendía a muchos de los funcionarios del mismo piso. El interactuar con los camarógrafos, productores y diversas personas que hacen la televisión, fue algo que se le ocurrió al animador, que también había empezado en ese rol más técnico luego de estudiar producción y dirección de televisión en el Estudio Incacea.

Pero el impacto de su partida, caló hondo en el público porque los matinales por diseño son franjas horarias larguísimas y es una televisión de compañía,  muy expuesta. En cada consultorio, hospital, banco, negocio y por supuesto en los distintos hogares, está presente el matinal, con su mezcla de noticias y entretención.

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Esa cercanía que llevaba el animador tanto con el equipo y con el público es algo que se ha intentado recapturar a lo largo de los años, pero en cierta manera, con la muerte del Camiroaga, mueren también los matinales.

Un Chile paralelo y distante.

¿Cómo son los matinales  en la actualidad? Hoy todos los canales de tv abiertos tienen estos espacios en la franja entre las 8  y casi las 13 horas con un formato similar de multipanel de famosos.

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En la actualidad se ha dejado de hablar de los programas de TV de la noche anterior y la farándula y se ha pasado a otro tipo de culto a la personalidad y celebridades:  La extensiva presencia de políticos.

Cada programa tiene una larga presencia de Alcaldes de las comunas del sector Nororiente de la Región Metropolitana (las únicas que existen al parecer en su cobertura) y las regiones solo se ven en crímenes o accidentes graves.

En el caso de los parlamentarios el tema es más impresentable, se generan largos paneles de opinión en horarios en donde mucho de los legisladores deberían estar trabajando, pero prefieren estar en estos programas. Este contenido termina pauteando las noticias y las redes sociales, por alguna cuña desafortunada o algún «encontrón» entre animadores y políticos, generalmente a través de platitudes para la galería, pero con poca información real para la gente en la casa que se está llevando la peor parte de una crisis sanitaria y social.

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Es mayormente un diálogo entre ricos, en donde se habla de sueldos mínimos, bonos y subsidios para gente que no ha tenido la necesidad de pedir uno en ningún momento de la vida. La falta de contacto que se tiene con «la gente en la calle» no pasa más allá de los móviles en la calle. Hay una barrera clara entre cómo se trata el contenido y profundizas las diferencias sociales.

Crímenes de la vida real

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En esa búsqueda de identidad de los matinales, aparte de alejarse de la ciudadanía ya sea por diseño o por una falta de conexión real de sus rostros con sus problemas, hay un punto importante que marca cada programa: Su obsesión con el crimen.

A través de dramatizaciones, reportajes y contactos en vivo, se la da una cobertura obsesiva a los distintos casos, especialmente si tienen que ver con la vergonzosa cifra nacional de mujeres desaparecidas y asesinadas en Chile.

Pero no solo esto, nada parece interesarle más que un buena nota de portonazos, o de patrullajes en comunas fuera de su círculo de interés, o con su nuevo híbrido entre farándula y crimen: Hernán Calderón.

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Todos los canales terminan basándose en estos contenidos pero con tratamientos muy distintos según sea el tema central. En el caso del empresario(?) hijo de Raquel Argandoña, «Bienvenidos» le dedico horas de contenido a su traslado al penal de Santiago 1, detallando sus gustos por los autos caros, el uso de armas y flashear billetes en Instagram, todo eso mezclado con imágenes de archivo de su archiconocida familia, todo con una cierta distancia y respeto.

Distintos es cuando se habla acerca de alguna mujer víctima de un crimen. Los casos lamentablemente abundan. En el caso de Antonia Barra, en la reapertura de la búsqueda de Mariana Sepúlveda, Fernanda Maciel o Ambar Cornejo, la línea entre la información y el morbo se cruza constantemente.

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Contactos con la familia, paneles de abogados e incluso muestra de pruebas que son claves para la realización de la investigación, han llevado muchas veces a esa búsqueda por el Rating a decisiones que cruzan lo ético. En algunas oportunidades han tenido que  pedir disculpas públicas.

Es difícil no hacer la comparación de este formato televisivo a 9 años de la desaparición de una de sus figuras más importantes, ya que durante todo este tiempo la franja ha tenido una grave crisis de identidad, tanto en quienes animan estos programas y fallan con hacer una conexión real con el público (con una millonaria inversión mediante) o en el mismo contenido en donde se ha intentado de todo.

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Un formato en donde se mezclaban móviles, cocinas, campañas y en muchos casos entrevistas a grandes figuras de la actualidad como una cuidada oportunidad de llegar a la comunidad, hoy se siente hinchada por la sobreexposición de autoridades buscando posicionarse políticamente, paneles de conversación con miradas alejadas del común de la gente, conspiraciones, peligrosos sanadores milagrosos y crónica roja.

En medio de un periodo en donde la gente tiene la oportunidad de ver el contenido que se está transmitiendo, existe una oportunidad de repensar los formatos y lo que se ofrece. El vació que quedó hace nueve años atrás no se ha llenado correctamente.

Autor: Jorge Inzulza

Periodista, mente inquieta

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