La desgastante actualidad de Twitter

Una de las plataformas más interesante e inmediata en la difusión de contenido hoy vive uno de sus momentos más complejos. Entre bots que levantan ideas políticas extremas y discursos de odio, pasando por la competencia de quién es más virtuoso y correcto hasta la constante máquina de funas y ofensas contra causas justas y otras que no vale la pena perder un segundo. Una de los sitios más importantes para conocer información del momento hoy está transformado en campo minado.

El lugar común de las columnas sobre twitter es hablar de la cultura de la cancelación, esta especie de esfuerzo concertado de silenciar la libertad de expresión, como si fuese un tribunal de las sombras. Este texto no se trata de esto, es menos sobre planes secretos y como el espacio ha mutado a ser algo similar a mirar el sol: puedes verlo un rato, pero si te extiendes el daño es irreversible.

Como web estamos en Twitter como una forma de promocionar contenido y de revisar distintas temas en el diálogo público y contactar a distintas personas para generar artículos o programas, pero la reflexión mayor es sobre que tipo de persona tendría la energía en el 2020 de estar en sitio en donde está a milímetros de transformarse en un dolor de cabeza, de esos que te parte el cráneo desde adentro.

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Breve historia de Twitter en Chile.

Pese a que la plataforma comenzó el 2006, esta comienza a tomar mucha más potencia en el 2009 marcado por distintos hitos sociales. Era un espacio en donde convivían tweets tan anodinos como decir que íbamos al Supermercado, hasta los primeros cimientos de un Twitter más social y político, con la elección presidencial en ciernes que enfrentaba a Eduardo Frei, Sebastián Piñera y Marco Enríquez-Ominami.

Luego el 2010 su rapidez y brevedad permitió ser clave en la entrega de información en medio del Terremoto del 27 F y sus continuos efectos en gran parte del país, luego el en el período del 2011-2012, fue clave como canal para informar sin filtros sobre las Movilizaciones Estudiantiles y  sociales en regiones como Magallanes y Aysén.

El concepto del «twittero influyente» comienza a aparecer e incluso se realizaron distintos eventos sociales en la Región Metropolitana y con menor escala en regiones, con personas más activas en la plataforma. En su momento incluso se llevó a algunas de estas celebridades de los 140 caracteres a la Moneda a una reunión.

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Y es aquí donde colocamos el punto de atención acerca de algunos de los efectos que empezamos a ver el día de hoy, en donde la relevante información de los usuarios se juntan con personas que por plan o accidentalmente han ganado una posición interesante dentro de la plataforma. En esto queremos ser super justos, el activismo en Redes Sociales existe y es muy importante para la creación de nuevas ventanas informativas, que trascienden la cobertura de los medios nacionales, los cuáles en su forma más default no salen de informar de Las Condes, Providencia o Ñuñoa a menos de que exista un desastre.

Twitter ha sido una plataforma importante para conocer movimientos sociales regionales, causas ambientales, reclamos contra empresas tanto en su trato a los clientes como a sus trabajadores, levantar investigaciones contra figuras públicas, que de otra manera no ha se conocerían.

El Ouroboros de la prensa y Twitter

Desde su masificación en Chile, la relación de Twitter con los medios ha sido bastante cercana, paso de ser algo simpático para leer al aire como participación del público, hasta ser parte importante de cómo armar la pauta de noticias del día.

Lo complejo (y volvemos al 2020) es como esa capacidad de identificar un tema con tracción en Twitter y analizar su mérito para generar contenido se empieza a perder cuando se piensa que lo que sucede en Twitter es LA realidad.

La presencia de bots o de Astroturfing, que es el fenómeno de levantar artificialmente temas es algo con lo que no solo los medios de comunicación deben lidiar, sino que también distintos usuarios.

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El poder diferenciar un tema de verdad a algo generado en granjas de clicks es un talento muy relevante en el siglo XXI, pero que no todos tienen, entonces terminamos dándole espacio a los que ustedes saben, los que andan perfilándose para cargos públicos, los que mueven discursos de odio, los que mueven ideas extremistas y son recompensados por ello con una atención que no se justifica, ni se refleja en las urnas.

En este generoso país, distintas personas que hacen ruido en Twitter por las razones equivocadas terminan instalados como panelistas en los programas de debate del domingo en la mañana, como columnistas en medios tradicionales o en papeletas electorales.

Caso que no siempre ocurre con los activistas de verdad, que tienen una meta clara: traer muchos más ojos a causas sociales: desde las ollas comunes en medio de la pandemia, los abusos en hogares de menores, la utilización indiscriminada del agua para amplios proyectos empresariales en desmedro de las comunidades y el abandono de las lesiones por parte de Carabineros, entre otros. Para ellos la presencia en Twitter no se trata de el siguiente paso personal o de generar un lucrativo contrato literario para publicar platitudes motivacionales. Pero su cobertura medial es circunstancial.

Los Niños del maíz

Pasa algo especial con distintas esferas de Twitter, en donde no solo las personas comienzan a gravitar a gente con sus mismos intereses, sino que también el discurso público comienza a ser más o menos el mismo.

Si en el inicio Twitter era una plaza pública en donde la gente podría reunirse a compartir opiniones, hoy hay discursos oficiales y muy comunes, en donde salirse del libreto en la actualidad o en el pasado es motivo de escarnio público.

En esta factoría de sentirse pasado a llevar no hay nada que este fuera de juego, en cuanto a recordar a punta de pantallazos el clarísimo hecho de que la gente o miente o cambia de opinión. Da lo mismo si las publicaciones son de hace una semana o de 10 años atrás.

Esta también el fenómeno del «Dunking» en donde a través de alguna publicación humóristica o algún comentario sarcástico, te elevas por los aires y taladras el balón de la superioridad.

La buena fe, prácticamente no existe en la plataforma y especialmente es complejo comunicar vía texto y sin las variaciones o tonos del lenguaje hablado una opinión sobre un hecho o mayormente, la convicción de que uno no puede opinar de todo.

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Durante el mes de Octubre, en uno de los momentos sociopolíticos más importantes de la historia reciente de nuestro país, la plataforma cumplió su rol de ser una entrega importante de información desde la calle, para conocer la magnitud de lo ocurrido en regiones, pero también se transformó en tierra fertil para videos de otros momentos, modificados, descontextualizados o derechamente falsos para poder sacar un par de clicks más o para lograr un «trending topic».

Pero más allá de estas prácticas de posverdad, también hubo una competencia de que figura estaba más comprometida con la causa, desde distintas veredas, con la posibilidad de que la falta de comentarios fuese motivo de cancelación, lo mismo para la gente se mostró mucho más presente en la discusión pública. No había nada que dejara tranquilo a la masa.

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Pasamos finalmente a la cancelación o la funa. ¿Existe cómo se ha llamado una Cultura de la Cancelación en Chile? No. Esa visión de que existen planes siniestros y concertados para atacar personas es un poco más posible en la cabeza de los usuarios de Facebook y Whatsapp, que ven conspiraciones en todo, pero si existe una visión clara de generar funas sobre hechos en los que la justicia no ha fallado de una manera satisfactoria o bien cuando existen discursos de odio tan aberrantes de parte de figuras públicas, que es importante dar a conocer estos hechos.

Pero en eso Twitter y sus usuarios no discriminan y a veces, con algoritmo o no, una funa por violación o abuso sexual tiene la misma interacción o atención que una funa por un mal pololeo o por una relación en donde no todo salió como se esperaba, en darle  la misma cabida a personas que hacen campañas contra portadas de cuaderno o libros de clases por «atentar contra la democracia» a personas que realizan discursos de odio o amenazas de violencia comprobadas y orquestadas.

¿Qué pasa en el futuro?

La situación de Twitter tiene mucho de injerencia personal pero también acerca de cambios de la plataforma acerca de que contenido terminamos viendo en nuestro timeline o bien en los trending topics, en donde se requiere una revisión más fina de las personas o espacios que terminamos siguiendo, pero también acerca de si corresponde o no dialogar con personas, asumiendo que esto podría transformarse en un problema inmediato o a futuro, colocando el mismo nivel de pensamiento que una firma de relaciones públicas a nuestros tweets. O derechamente no interactuar y dedicarnos a leer.

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En esta agotadora experiencia de Twitter, no se trata de volver a su versión 2009, en donde todo era más naive y las personas estaban más  dispuestas a interactuar y no a la destrucción mutua asegurada, sino que estemos conscientes que queremos sacar de la plataforma en conceptos informativos y no dejarnos tragar por el vortex de superioridad moral o la funa del día.

En  momentos de pandemia y con importantes decisiones políticas en nuestro país y en el mundo, la plataforma se levanta todavía como un espacio medianamente creíble de debate e información en medio de Whatsapp familiares sin fuente y audios «que me mandó una colega», pero para bucear y encontrar esas pequeños espacios de expresión, tendremos que estar conscientes que en este océano hay una isla de basura cada día más grande.

Autor: Jorge Inzulza

Periodista, mente inquieta

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