Carabineros y su rol en el entramado social

Este 27 de Abril se conmemora el día del Carabinero en uno de esos puntos históricos donde la institución pasa por un nervio expuesto.

La ciudadanía tiene demasiado fresco el recuerdo de Octubre del 2019, pero esa es solo una de las caras de una policía que tiene una historia de cercanías y desencuentros durante la última década.

Una de las primeras labores que uno tiene cuando comienza a trabajar en medios de comunicación, es que te mandan a cubrir policial. Son las notas más fáciles, es recabar hechos y responder las preguntas más bases del periodismo.

Pero viene otra tarea: aprender el lenguaje del Carabinero, no solamente porque hablan y piensan en términos de los partes, donde no hay personas sino «Sujetos», no hay asesinatos ni violaciones, sino que hechos. La vida misma tipeada en una hoja de archivo.

Pero el lenguaje define pertenencia y Carabineros parece que viniera de un país aparte. Si uno pregunta a un porcentaje de la población la fuerza policial son los héroes más decorados o los asesinos más sanguinarios y hay argumentos para sostener ambas tesis.

Protocolos y criterios

Esa relación dispar con Carabineros no solo se da para quienes han trabajado en medios de comunicación, para quien las pautas policiales son un insumo tan a mano como los Consejos Municipales, pero también significa conocer que la institución no es monolítica en su accionar.

Por cada Carabinero recién salido de la institución a media cocción, pero dándolo todo en pueblo fronterizo, tienes un pitonero que cree que está en su Free Fire personal lanzando a químicos desde un carro a diestra y siniestra.

La aislada región de Aysén que había tenido una relación bastante cercana con Carabineros, como cualquier zona aislada, vino a conocer las Fuerzas Especiales el 2012 tras un movimiento que paralizó a la región y generó un standoff político y social que tiene ramificaciones hasta el día de hoy.

Muchas de las acciones que se narraron en Santiago en medio del movimiento social, ocurrieron en el Puente Presidente Ibáñez en Puerto Aysén  seis años antes. Desde la mutilación ocular, hasta el uso indiscriminado de gases lacrimógenos en lugares lejos de las zonas de conflicto.

Pero como todo proceso importante, su sombra se extiende más allá de los hechos y las mismas fuerzas siguieron estando presentes, incluso el 2014 cuando se tomaron las sedes de la desparecida Hidroaysén en medio de un histórico fallo, Carabineros actuaba con una fuerza inusual para una comunidad de ese tamaño

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Días después, en el momento clave cuando Hidroaysén desapareció, Carabineros estaba listo para otro proceso. Esa «lectura» de los acontecimientos sociales son parte de los procesos de Carabineros, en donde el sobreactuar en este tipo de casos, se ha transformado en un sello que trasciende los Gobiernos y las administraciones, que pregunten en la Araucanía por ejemplo.

El largo proceso de sanación

En cualquier reunión familiar o de amigos cuando se habla de Carabineros hay que tantear el terreno, porque ignorar lo divisor del tema significa hacernos los lesos con los apremios, los robos sistematizados, pero también una labor que es bastante poco agradecida, porque la naturaleza de la labor de Carabineros es encontrarnos con ellos cuando ocurre algo terrible.

El proceso de sanación de la comunidad con la institución no es algo que va a ocurrir de la noche a la mañana, porque Carabineros es parte del entramado social.

Hay efectivos que fueron o son parte de la institución, así como también hay personas que perdieron un ser querido a manos de Carabineros y eso no se va a arreglar ni dos o tres gobiernos más.

Entender la labor social significa reconocer ese entramado social y no pensar que el Carabinero es un ser distinto, sino que tiene que ser parte importante de una comunidad en donde una sociedad en paz no es la que no hace marchas, sino la que toma un rol protagónico en generar cambios y esa lectura la institución debe hacerla, pero también quienes tienen hoy en sus manos las leyes.

La madre de todas las batallas ayuda a sacar de la fuerza policial a quienes son brazo armados de los narcos y para eso hay que tener poblaciones menos segregadas y en donde la venta de la droga no sea la mejor opción de vida.

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Para que un Carabinero no pierda su tiempo parteando a la gente que vende en la calle, se necesitan cambios reales a las pensiones, salarios y garantías para trabajar, para que estar con un carro juntando las monedas no sea la alternativa al hambre.

Y también para que la baja no sea el único castigo para quienes abusando de los recursos de todos, han transformado a Carabineros en una caja pagadora y en un ejercito personal.

El rol de Carabineros para recuperar su rol en la sociedad partirá también cuando esas mismas leyes mejoren el entrenamiento y las condiciones para su labor, a niveles comparables a naciones desarrolladas en donde luego de tres o cuatro años los oficiales pueden llegar a la calle.

El camino del reecuentro de la institución con la gran sociedad será largo, pero se recorrerá mucho más rápido cuando la institución y quienes la lideran, refuercen su nexo con la sociedad y sus necesidades.

 

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Autor: Jorge Inzulza

Periodista, mente inquieta

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