«Ema»: una historia sobre el fuego

La nueva cinta de Pablo Larraín es incalificable y con una calidad a toda prueba para quienes quieran dejarse llevar por la fuerza de sus personajes y una cinematografía de autor

«Ema» es una película distinta, casi como si se hubiese colado una cinta de cine europeo en las salas nacionales llenas de popcorn y películas mal dobladas.

La cinta ocupa a Valparaíso de una forma magistral, utilizando colores vivos para retratar los cerros, el mar y los ascensores, con una autenticidad única.

Es la dirección de fotografía y las decisiones estilísticas las que más llaman la atención de este trabajo, que retrata a Ema, una bailarina con la meta clara de recuperar a su hijo adoptivo por todo medio necesario.

La historia se cuenta con tomas extensas e intensas que muestran una ciudad y gente que se mueve, Larraín utilizó los cuerpos de baile que se mueven por el puerto como montajes para contar una historia y ser el polo opuesto de los momentos más dramáticos, en donde los personajes les hablan directamente a la cámara, metiéndote mucho más en la historia

Iluminados por el fuego

La relación del fuego y el puerto no grata para nada, muchas veces ha sido consumido por él y esa temática la que marca este relato:

El fuego llamativo y fascinante, pero destructivo e impredecible.

El papel de Ema (y nos ahorramos los spoilers, porque este es un film que debe vivirse con la menor info posible) interpretado por Mariana Di Girolamo no es uno fácil, mezclando un personaje que se mueve entre la maternidad y el peligro y que fascina y seduce a todos con quienes interactúa.

Gael García Bernal pone la contraparte dramática con su personaje de Gastón, el marido de Ema y Coreógrafo del grupo de baile, que recuerda los errores de Ema en lo personal y en la aproximación al baile entre lo tradicional y los ritmos más urbanos.

Súbele el volumen a la música satánica

Junto con lo dramático, esta cinta se trata sobre el baile y su poder estético y seductor.

En medio de los procesos más introspectivos de la cinta, Pablo Larraín mezcla el Reggaetón con la melancolía y es justamente este ritmo y su resistencia ante el público otro de los temas de la cinta.

El baile urbano como una expresión corporal sin tapujos, pero que esconde una cierta carencia. La batalla entre el bailar sin límites y el perrear para no pensar.

En esa mezcla entre drama y baile, se encapsula la historia de una madre que haría todo lo necesario para recuperar a su familia (o lo que ella considera como una) y la gente que queda en el camino, unida o destruida.

Ema no es una película simple y podría tener el mismo impacto con 20 minutos menos, ya que gran parte del giro final se siente mayormente anunciado, pero tiene una gran recompensa en lo estético y narrativo para quienes quieran sumergirse en este cine de autor.

Es de esperar que las cadenas se abran mucho más a dar cine nacional, especialmente con mejores horarios, aprovechando que un grupo importante de directores chilenos está levantando voces cada día más únicas, en un océano de secuelas y remakes.

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