Estados Alterados: la difícil tarea de la conservación de videojuegos

En medio del cambiante mundo de los videojuegos hay una discusión que no siempre se tiene: ¿Qué hacemos con la conservación de Videojuegos en su forma original?

En un mercado en donde las compañías sacan títulos de tiendas digitales y algunas copias físicas se vuelven escasas, hay una serie de juegos que se pierden en el éter o bien quedan para siempre amarrados a una membresía digital.

Hace una semana el juego  «Ducktales: Remastered» desarrollado por Wayforward y distribuido por Capcom, dejó de estar disponible en tiendas digitales debido a la licencia de los personajes de Disney.

Un título celebrado por su aspecto gráfico e historia que incluyó a las voces originales en inglés de los personajes en la serie animada, transformaron a este título en un moderado éxito. Pero por cosas del mercado, volvió al interés público debido a que ya no estaría disponible en las tiendas digitales, algo bastante complejo para un título que tuvo una distribución física limitada para PS3, 360 y WiiU.

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Si no descargaste el título de forma digital para la fecha en donde dejaría la tiendas digitales, no podrías encontrarlo tan fácilmente y se sumaría a una serie de juegos que hoy se han desvanecido y a menos que no los tengas en tu colección personal no hay forma de volver a ellos.

En algunos casos, ya sea por presión de los fans o por que los estudios ven una oportunidad comercial algunos de estos títulos reciben reversiones, pero en la mayoría de las veces estas no son actualizadas correctamente y son portadas sin mucha preocupación más que el cobrar el juego nuevamente.

La generación pasada de sistemas, que fue donde justamente se consolidó el mercado digital ya suma una larga lista de juegos que no pueden ser encontrados nuevamente como Marvel Vs Capcom 2; el pack de Marvel Super Heroes y Marvel vs Capcom, Scott Pilgrim y las conversiones de los arcade de Konami basados en Xmen y en The Simpsons.

Si no está roto no lo arregles.

Bethesda lanzó para consolas modernas Doom, Doom y Doom III, llevando el icónico shooter a nuevos sistemas, pero a su vez sacó de los mercados digitales las versiones anteriores del juego que se encontraban disponibles para 360, PS3 y PC.

¿La principal diferencia? El juego necesitaba ingresar a una cuenta de Bethesda y estar conectado a Internet para acceder a ellos. Esta situación fue rectificada posteriormente por la empresa y hoy existen menos restricciones para acceder a juegos que en el caso de las dos primeras versiones superan los 20 años.

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Cuando nos acercamos a pasos agigantados al 2020, esta serie de relanzamientos, membresías digitales que cierran el acceso y salidas de los mercados no físicos, muestra un panorama bastante complejo par los consumidores quienen tienen que mantener sus cuentas funcionales si quieren tener funcionando los juegos por los que pagaron y ya no se encuentran disponibles.

Para que hablar del mercado de juego físico en donde cualquier título que no sea tan reciente pasa a formar de la calidad «Raro y de colección, hermanito» que se registra en la ventas en Chile.  Estamos muy lejos de situaciones como las que vemos en otros países en donde existen condiciones más justas para la compra de juegos retro ( o en el límite de serlo), en donde temas como el estado de los mismos y que tan común son, hacen bajar el valor.

En Chile, cartuchos de Super Nintendo amarrados con scotch y con la etiqueta marcada con plumón se venden sin asco en 25 mil pesos o reproducciónes traídas desde China no bajan de los 30’s.

La preservación de los juegos no es un tema caprichoso, hay muchos productos que superan los 20 años desde su lanzamiento y si bien han sido relanzados una y otra vez (te estamos mirando Resident Evil 4), hay algunos que han desaparecido en el tiempo o bien las mismas compañías habían perdido los recursos para relanzarlos y si los encontraron sacaron versiones plagados de errores (como Silent Hill HD Collection)

Mientras tanto los sitios de Roms siguen despareciendo y los sistemas originales se deterioran, por lo que al contrario de otros medios como los libros, la música y las películas que pueden ser conservados o bien digitalizados (legal o ilegalmente),  los videojuegos hoy están 100% en manos de los distribuidores y su cuidado por parte de los clientes está supeditado a la existencia de tiendas digitales y servidores, lo que limita ampliamente el guardar parte de estos productos culturales.

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