Valdivia y los scooters ( o por qué la convivencia vial en Chile es tan compleja)

Lisboa y Valdivia fueron las ciudades que eligió la compañía Frog, basada en Austin, para probar el sistema de scooters eléctricos y generar una nueva opción de movilidad a una ciudad que tiene más autos de los que necesita. Pero la falta de una campaña real de información de su funcionamiento, costos mayores a los de los colectivos y una ausencia de cultura vial que en Chile aún cuesta, nos deja con 90 scooters que no volvieron.

Y esto es solo el primer día

A mi eso de la «viveza del chileno» lo encuentro una de las anclas más grandes para que podamos tener mejores comunidades. En Valdivia, una ciudad que lo tiene casi todo, un tamaño y un paño transitable, la tienen convertida en un gran estacionamiento para un crecimiento vial que no tiene coto y en donde el vehículo es el status mayor y el resto que se salga de la vía.

Entra Frog, una compañía basada en Austin, que eligió a solo dos ciudades del mundo para generar su proyecto de scooters comunitarios y fallaron mal.

En solo 24 horas de implementado el sistema, que no tiene costo por su marcha blanca, transformó a Valdivia en la capital de los memes ya que solo 10 de los 100 monopatines volvieron y la gente se los llevo a sus hogares. Esto ocurre por desconocimiento, pero también hay situaciones cuestionables, como 11 de estos equipos en algunos sectores según indicaba su aplicación con GPS. Si eso no es receptación, pega en el palo.

Avisos Valdivia: la voz de la gente.

Una vuelta rápido por el grupo de compraventa Avisos Valdivia, que tiene sobre 13 mil miembros, te demuestra que todos vieron que «algo pasó con los scooters», comenzaron a aparecer todos los «hackerman» a dar sus teoría sobre como desactivar los GPS y cuanto dinero podrían sacar al venderlos.

Otros si reconocían que era importante que volvieran. Aquí la falta de información real sobre el sistema de transporte, el retiro de los equipos y principalmente que no podían lleváselos a la casa, es clarísima.

La disrupción sin el factor social

Uno de las grandes retos que enfrentan las empresas que buscan hacer «disrupciones en las industrias» es no entender los factores sociales de una comunidad. Efectivamente Valdivia es una ciudad que es más abierta a tener sistemas de transporte alternativo al desastre automovilístico que existe en la actualidad, pero quizás un par de reuniones o derechamente tener más calle, te hubiera hecho pensar que este tipo de sistemas necesita un proceso mucho mayor de información y compararlo también con el comportamiento de la gente y su nulo respeto a los bienes comunes (o que por lo menos buscan ese fin).

Junto a la falta de cultura y convivencia vial que hace que los ciclistas se sientan solos y en peligro ante un número mayor de vehículos particulares, Ubers y colectivos, además de una de las líneas de buses más violentas de Chile (traten de pagar escolar en la 20, los invito).

El homologar el éxito personal a tener auto ha hecho que ciudades del tamaño de Valdivia tengan sus peores horas puntas de la historia, llenos de vehículos sin pasajeros, en donde las estrechas calles ribereñas no dan pie y nadie quiere soltar un centímetro.

En papel colocar un sistema de movilidad para trayectos cortos, que reemplace en algunos momentos al uso del colectivo y la micro en horarios punta parece una buena idea, pero es un cambio que se da con años de trabajo y cuando se solucionan otros temas más presentes. Estamos hablando de una comunidad que tiene a autoridades obsesionadas con generar más estacionamientos y hacen oídos sordos a más ciclovías o sistemas de transporte más amigables y regulares.

No era el momento de los scooters (pero igual devuélvanlos)

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