El ocaso de los viejos cerdos

Si hay algunas lecciones que nos quedan de lo ocurrido en el show de Camila Gallardo en Puerto Varas, es que poco a poco los casos de violencia y acoso contra la mujer empiezan a ser más condenados públicamente.

Claro, aquí había un video y cientos de personas, pero ¿qué es lo que pasa cuando las mujeres caminan solas por la calle o cuando se enfrentan a un jefe o a un profesor?

Es aquí en donde los hombres tenemos que empezar a revisar nuestras conductas y aportar a un ambiente más seguro.

Vamos al elefante en la habitación. ¿Por qué un hombre se pone a escribir sobre este mediático caso?

Bueno, porque justamente somos nosotros los que tenemos que aportar a un debate y generar cambios reales a una realidad en la que fuimos criados, en donde este tipo de actitudes eran aceptables e incluso motivadas.

No vale la pena hablar del famoso edil de Puerto Varas y su harakiri mediático una vez que se revela en redes sociales, el video en donde intenta besar a la cantante nacional de forma engañosa y a la fuerza, a ver si colaba, quién sabe, de pronto un besito cuneteado o alguna pequeña y asquerosa victoria y validación ante otros hombres o ante el mismo.

Es esa constante validación ante otros hombres, la que motiva muchas veces estos hechos. Desde tener historias para contar e impresionar a los amigos, los grupos de Whatsapp llenos de porno o links a Instagram con minitas. Porque claro, si no estamos demostrando ante nuestros pares que somos hombres y conquistadores, la homosexualidad más flameante está a la vuelta de la esquina. Fragilidad pura.

Nadie le prestó ropa

De a poco, vamos avanzando como sociedad en tratar estos casos y si antes se generaba un círculo de dudas con frases como “Escuchemos a las dos partes” o la clásica “Tiene señora y por eso no es un acosador”, hoy existe un apoyo frente a la víctima bastante claro, pero aquí viene lo relevante.

Hay un Video y es una persona famosa

Ese hecho es clave para pensar en los cientos de casos que pasan por el tribunal de la duda y las preguntas que no vienen a lugar. El acoso y el abuso sexual que se esconde en todos los espacios de la vida, desde lo educativo hasta lo laboral, desde tomar un Taxi hasta comprar algo en una tienda, no es algo que se invente así como así.

En un ejercicio de empatía máximo como hombres tenemos que escuchar cuando el tema sale a colación y como nuestras amigas, novias e incluso nuestras hermanas y madres tienen para aportar escabrosos relatos en donde alguien generalmente con poder les dijo algo que las hizo sentir en el “mejor” de los casos incómodas y en el peor, inseguras por sus propias vidas.

El que distintas personas se desmarcaran del apoyo al mediático edil, es un paso positivo que podría extenderse en otros casos que no tienen cientos de fans delante con cámaras digitales

Dejar lo cerdo de lado

Está de moda decir que ya no se “puede decir o hacer nada”, pero finalmente eso sucede con gente que a través de cuotas de poder o por validarse como hombres solo saben aproximarse así ante otros.

No estamos hablando solo de la falta de respeto al espacio personal, los sobajeos y agarres de cintura o cuellos, sino que asumir que las mujeres no tienen idea de lo que habla, obsesionarse con alguien, no superar un quiebre amoroso y stalkear. Todos de alguna manera hemos hecho algo de lo que no nos sentimos tan orgullosos y aquí se abren dos caminos:

Pasar a esa lógica incel de que las mujeres son los enemigos y que están cambiando la sociedad para limitar al hombre o entender que ya sea por nuestro entorno o porque derechamente somos un poco idiotas, lo que estamos haciendo está haciendo sentir mal a otra persona.

Cuando ocurren estos casos, el pedir perdón o aceptar que alguien se siente mal, es uno de los primeros pasos para ser mejores personas y entender como vivir en una sociedad más amable.

En 10 años más, siendo generosos, cuando veamos imágenes de tipos arriba de un auto diciéndole cosas a una adolescente que camina sola en la calle o sepamos de que alguien ofreció no despedir a alguien a cambio de favores sexuales, vamos a pensar que como era posible que eso se permitiera. Uno de los primeros pasos para eso, es dejar esa agotadora tarea de validarnos como macho ante el resto.

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