Cancelados: el grito de indignación en la era de la redes sociales.

¿Cómo se manifiesta la comunidad al conocer casos de veras indignantes? ¿Qué pasa si una figura famosa querida (o por lo menos tolerada) dice o hace algo reprochable?

Cancelarlos.

El «Cancelado» es una traducción de un proceso que ha marcado Twitter desde hace al menos dos años, cuando se conoce revelación tras revelación de malos comportamientos, opiniones desafortunadas o lisa y llanamente de figuras públicas de distinto tamaño.

«Kevin Spacey is Cancelled» es quizás una de las primeras figuras masivas que se conocen de vocablo, tras conocerse las acusaciones de abuso sexual, que generaron un nivel de rechazo tran grande que paró la producción de House of Cards, una de las series ícono en Netflix.

Luego llegamos a ejemplos locales, pero igual de condenables, siendo el último de ellos el ligado al Director de Cine, Nicolás López, que tras el artículo de la Revista Sábado de El Mercurio, fue «Cancelado».

¿Tonka Tomicic defendiendo la tortura a presos en la cárcel? Cancelada

¿Andrónico Luksic regalando asados por redes sociales pero negándose a responder por irreversibles hechos de contaminación de sus empresas? Cancelado

El problema con «Cancelar»

Cómo todo hecho ocurrido en Redes Sociales, termina transformándose en una parodia de si mismo y se pierde la crítica inicial, entonces tal y como se va perdiendo la capacidad de asombro ante tante terrible escenario, la gente va «cancelando» al que pide una pizza con piña, como a alguien que dice que la gente es floja y quiere todo gratis.

También es lo mínimo que se puede hacer ante los hechos en cuestión, molestarnos un rato y decir que alguien está «Cancelado», para luego seguir con nuestras vidas. El boicot es muy atadoso y como vamos a cancelar al banco que queda al lado del trabajo por lo que twitteo su dueño, lo mismo aquel lugar de comida, donde su dueña comparó a los migrantes con parásitos.

«Cancelar» se transformó en un chiste, en el emoji de la queja pasajera ante la injusticia, en el mínimo de responsabilidad posible ante un hecho de gente que le ríe los chistes machistas a sus amigos o que ante reiteradas denuncias de abuso dice «oye, hay que ver el contexto».

Al fina la lección de este fenómeno (o moda) es que hay varias respuestas ante los hechos que nos conmueven como sociedad, levantar un cartel que dice «me ofende», es la más cómoda de todas.

La más compleja y la más laboriosa, tiene que ver con terminar con comportamientos tóxicos, con abrir espacios de conversación y ser parte de la solución, es la menos cool, la menos memeable, pero la más correcta.

 

 

 

 

 

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